El hombre sin cara

Por Nazarena Laguardia

Yo no creo en historias de terror ni en nada parercido. He leído tantos cuentos y he visto tantas películas. Me han intentado asustar tantas veces pero nunca lo consiguieron, hasta hoy.

Estaba paseando por el arque después de discutir con mi novia Samantha, era de noche y no se veía nada, las luces eran muy tenues. Yo no le temo a la oscuridad ni a nada parecido, ni siquiera los ladrones. Sentí algo a mis espaldas y me di vuelta, no había nadie. Tal vez el hermano de mi novia me siguió para golpearme por lo que pasó. No le di importancia y seguí.

Tenía la horrible sensación de que me están observando. Me di vuelta varias veces, hasta divisar una sombra a lo lejos.

-¿Quién anda ahí? -grité. No pude evitar el tono de nerviosismo.

Miré para adelante y vi un hombre de traje. Pero no era un hombre normal, sus extremidades eran largas y no tenía facciones en su rostro, era completamente blanco. El hombre sólo me observaba.

-Ya está Alex, ya entendí, le pediré disculpas a Sam pero quítate ese disfraz que estás haciendo el ridículo.- le dije, era obvio que era un disfraz muy falso.

No me respondió pero se acercaba lentamente. Sinceramente, me dio escalofríos, sobre todo porque no me decía nada. Por detrás de su cabeza se veían una especie de tentáculos que se movían. “Se las ingeniaron para asustarme”, pensé. En ese instante me llegó una llamada. Me quedé impactada al ver que el remitente era Alex. Lo atendí, obviamente que no era él porque se encontraba en frente mío.

-Luca, tengo que hablar seriamente con vos… -se escuchaba a lo lejos en el celular. Era Alex.

Para cuando me di cuenta, tenía aquella horrible cosa enfrente mio, demasiado cerca. Cuando abrió su boca, salieron gusanos de ella, que fue lo último que recuerdo luego de haber perdido la conciencia.

Cuando desperté me encontraba en la ambulancia, siendo trasladado al hospital. Escuché muchas voces alrededor mío, pero no podía ver a nadie. Sentía muchísimo calor sobre mi rostro, y los doctores hablaban de lo extraño que era mi condición. Luego de unos minutos escuché a mis padres llamándome, diciendo que todo estaría bien.

-¡Luca, hijo mío! ¿Cómo estás? ¿Quién te hizo esto? -gritaba mi madre mientras lloraba.

Quise responderle, preguntarle qué era lo que estaba sucediendo, pero no pude, fue como si no tuviera boca. Escuché que llegaba una de las doctoras de urgencia, quien procedió a sacarme la sangre que me cubría la cara. De repente oí a mi madre gritar:

-¡No tiene rostro! ¡Mi hijo no tiene rostro!

Foto extraída de: http://ombloguismo.blogspot.com.ar/2008/08/haiks-teatrales.html

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